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Un Tema Existencial

Leer sobre los tiroteos masivos en Atlanta, Boulder and California me recuerda el día en 2000 cuando niños de 8 a 12 años de edad me dijeron: El miedo es la raíz del prejuicio y la desconfianza. Esto causa dolor en el corazón humano.

Al escuchar estas palabras yo pensé que sabía de qué estaban hablando. Durante dos décadas había trabajado con adultos identificando y abordando las actitudes y comportamientos negativos que dan raíz a los prejuicios. Sabía que eran omnipresentes. Sin embargo, al seguir pensando me sentí perdida. Encontraba que había en esas palabras algo profundamente real y simultáneamente soñador. Como si no estuvieran hablando de nosotros o de mí. Y si lo estuvieran, no sabía qué hacer al respecto.


En los años siguientes, los corazones de algunos niños, afortunadamente no los que yo conocía, no pudiendo aguantar más el dolor, explotaron y sus emociones los convirtieron en asesinos. Sí, los niños se convirtieron en asesinos, matándose unos a otros mientras el mundo adulto observaba. Al igual que yo, al no saber qué más hacer, los adultos continuaron tratando el tema ocupándose, como de costumbre, por ejemplo, creando juntas y comisiones, estudios especiales y tratando de legislar el control de armas. Todo esto en un ambiente condenado a la polarización y dirigido por intereses especiales y otras actitudes hacia el poder del dinero y el énfasis en la cultura de la celebridad. Todas estas expresiones que creemos que nos ayudan a compensar el dolor que llevamos en el corazón y todo lo que tememos que nos estamos perdiendo en la vida.


Aun así, una tenue luz divina y ancestral de vez en cuando llega a brillar sobre nosotros, y una figura pública, aquí y allá, habla sobre el corazón como en: Debemos abordar el dolor que llevamos en el corazón que lo hace de piedra y llenarlo de aquello que lo convierte en un corazón humano. Ezequiel 11:19, cita bíblica que da testimonio de las antiguas raíces de nuestro dilema.


Antes de la pandemia personas de todo el mundo salieron a la calle manifestando su dolor y angustia causados por las desigualdades sociales extremas y el estado devastador del medio ambiente causado por nuestro desmesurado consumo. En esta situación no importa cuánto politicemos estos problemas, en su raíz ellos son causados ​​por el miedo y el dolor que tenemos en nuestros corazones. Luego la pandemia de Covid-19 nos puso de rodillas y trajo la experiencia humana a lo básico, pero el miedo y el dolor siguen siendo implacables, como lo ilustran los tiroteos masivos.


He aprendido que el único camino a seguir es liberar el dolor que nos llena con un corazón de piedra en lugar de un corazón de carne. Y un buen comienzo es ejercitar y modelar la responsabilidad personal. Con esto quiero decir que nosotros, en el mundo adulto, debemos hacernos conscientemente vulnerables, reconociendo y honrando el hecho de que nuestras opciones y decisiones son influenciadas por la carga de dolor que llevamos en nuestro corazón de emociones ancestrales o de nuestra niñez no procesadas.


Reconocer y honrar el dolor en nuestro corazón nos ayuda a liberar emociones del pasado y abrir las puertas de nuestra alma. Asi entramos en contacto con el compas moral que hoy dia desesperadamente sabemos que necesitamos para que illumine nuestras opciones y acciones.

Uno de los beneficios de hacerlo es que ello impide que sigamos perpetuando uno de nuestros actos de autodestrucción más violentos y horrendos, el transmitir los aspectos negativos del drama humano a nuestros hijos despojándolo de su propia sabiduría dada por Dios.


Hacer de este proceso una parte integral de cómo nos ocupamos profesionalmente y como vivimos nuestras vidas nos permite navegar nuestro sendero con compasión, nutriéndonos a nosotros mismos y a los demás y ayudando a la restauración de nuestra madre tierra y de nuestros sistemas sociales.


Autora de Uprooting Fear y Finalista del Concurso de Booklife No Ficción 2020. www.auracamachomaas.com


Derechos de Autoría© Aura Camacho-Maas – Abril 2021. Derechos Reservados.Reading

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