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Un Tema Existencial

Actualizado: 15 mar

Esta historia comienza en tiempos previos a la pandemia COVID 19 cuando leyendo sobre los tiroteos masivos en Indianápolis, Atlanta, Boulder y California recordé un día en el año 2000 cuando niños en edad escolar intermedia me dijeron: El miedo es la raíz del prejuicioy la desconfianza. Este miedo provoca dolor en el corazón.

Yo creí saber a que se referían ellos. Había trabajado por dos décadas con adultos identificando y abordando actitudes y comportamientos negativos que alimentan los prejuicios y sabía que estos siempre afloraban, especialmente en momentos tensionantes. Sin embargo, las palabras de los niños me desorientaron ya que eran profundas y simultáneamente reales y oníricas. Algo así como si no estuvieran hablando de nosotros o de mí. Y si lo eran, yo no sabía qué más hacer al respecto. Esta desorientación es algo generalizado hoy día que produce un miedo existencial.


Desde tiempos bíblicos, hemos escuchado.

Tenemos que cambiar el corazón de piedra por uno de carne y hueso. Ezequiel 11:19.

Esta cita es testimonio de las antiguas raíces de nuestro dilema.


Aún así, a través del tiempo, una luz brilla sobre nosotros cuando alguna figura pública habla sobre la responsabilidad que tenemos de transformar el contenido del corazón. Mientras tanto, el mundo humano sigue retorciéndose en dolor y muchos, en protestas públicas, siguen expresando su disgusto por las extremas desigualdades sociales, el devastador estado del medio ambiente y últimamente por la guerra brutal e injustificada de Rusia contra Ucrania.


Pero la respuesta generalizada sigue siendo la misma. Seguir actuando como siempre en un mundo que de base está dirigido por el deseo de poder y dinero y una cultura de la celebridad. Un mundo polarizado y, por ello, condenado al fracaso. Todo esto son expresiones que, inconscientemente, asumimos compensan el dolor que llevamos en el corazón y otros aspectos significativos que tememos estar perdiendo en la vida. Los resultados siguen siendo los mismos.


No importa cuánto politicemos estos temas, en su raíz todos ellos son causados ​​por el miedo y el dolor que yacen detras de la sombra en nuestros corazones. La pandemia nos puso de rodillas, pero el miedo y el dolor siguen siendo implacables, como lo demuestra la guerra.


El Espíritu comunica que al rendirnos frente a nosotros mismos reconociendo y honrando el dolor que llevamos en nuestro corazón ayuda a que liberemos emociones del pasado y a abrir las puertas de nuestra alma. Cuando esto ocurre podemos entonces entrar en contacto con nuestro compás moral, nuestra sabiduría y compasión. Todos estos son los valores espirituales que, desesperadamente, todos andamos buscando. Algo que ilumine nuestras elecciones y acciones en el transcurso de nuestra experiencia de vida.


Cuando, conscientemente, liberamos emociones que han estado ocultas en nuestro corazEsta historia comienza en tiempos previos a la pandemia COVID 19 cuando leyendo sobre los tiroteos masivos en Indianápolis, Atlanta, Boulder y California recordé un día en el año 2000 cuando niños en edad escolar intermedia me dijeron: El miedo es la raíz del prejuicioy la desconfianza. Este miedo provoca dolor en el corazón.

Yo creí saber a que se referían ellos. Había trabajado por dos décadas con adultos identificando y abordando actitudes y comportamientos negativos que alimentan los prejuicios y sabía que estos siempre afloraban, especialmente en momentos tensionantes. Sin embargo, las palabras de los niños me desorientaron ya que eran profundas y simultáneamente reales y oníricas. Algo así como si no estuvieran hablando de nosotros o de mí. Y si lo eran, yo no sabía qué más hacer al respecto. Esta desorientación es algo generalizado hoy día que produce un miedo existencial.


Desde tiempos bíblicos, hemos escuchado.

Tenemos que cambiar el corazón de piedra por uno de carne y hueso. Ezequiel 11:19.

Esta cita es testimonio de las antiguas raíces de nuestro dilema.


Aún así, a través del tiempo, una luz brilla sobre nosotros cuando alguna figura pública habla sobre la responsabilidad que tenemos de transformar el contenido del corazón. Mientras tanto, el mundo humano sigue retorciéndose en dolor y muchos, en protestas públicas, siguen expresando su disgusto por las extremas desigualdades sociales, el devastador estado del medio ambiente y últimamente por la guerra brutal e injustificada de Rusia contra Ucrania.


Pero la respuesta generalizada sigue siendo la misma. Seguir actuando como siempre en un mundo que de base está dirigido por el deseo de poder y dinero y una cultura de la celebridad. Un mundo polarizado y, por ello, condenado al fracaso. Todo esto son expresiones que, inconscientemente, asumimos compensan el dolor que llevamos en el corazón y otros aspectos significativos que tememos estar perdiendo en la vida. Los resultados siguen siendo los mismos.


No importa cuánto politicemos estos temas, en su raíz todos ellos son causados ​​por el miedo y el dolor que yacen detras de la sombra en nuestros corazones. La pandemia nos puso de rodillas, pero el miedo y el dolor siguen siendo implacables, como lo demuestra la guerra.


El Espíritu comunica que al rendirnos frente a nosotros mismos reconociendo y honrando el dolor que llevamos en nuestro corazón ayuda a que liberemos emociones del pasado y a abrir las puertas de nuestra alma. Cuando esto ocurre podemos entonces entrar en contacto con nuestro compás moral, nuestra sabiduría y compasión. Todos estos son los valores espirituales que, desesperadamente, todos andamos buscando. Algo que ilumine nuestras elecciones y acciones en el transcurso de nuestra experiencia de vida.


Cuando, conscientemente, liberamos emociones que han estado ocultas en nuestro corazón consequentemente estamos activando habilidades que responden al momento presente dejando atrás el actuar conductas y actitudes condicionadas y modelando el tipo de responsabilidad acorde a nuestro tiempo.

Así es como podemos dejar de perpetuar uno de nuestros más horrendos actos violentos de autodestrucción, el transmitir nuestros rasgos negativos a nuestros hijos robándoles su sabiduría divina.

Además, cuando hacemos de este proceso una parte integral del manejo de nuestra vida llegamos a sentir un estado de presencia mental pacífica y tranquila. Ello nos permite ir más allá de nuestro miedo existencial hacia un yo compasivo y enriquecedor capaz de proveer para los demás y para la restauración de nuestra madre tierra y nuestros sistemas sociales.


Derechos de Autor©Aura Camacho-Maas – Primera publicación Abril, 2021. All rights reserved.


on consequentemente estamos activando habilidades que responden al momento presente dejando atrás el actuar con conductas y actitudes condicionadas.

Asi modelamos el tipo de responsabilidad personal acorde a nuestro tiempo.

Así es como podemos dejar de perpetuar uno de nuestros más horrendos actos violentos de autodestrucción, el transmitir nuestros rasgos negativos a nuestros hijos robándoles su sabiduría divina.

Además, cuando hacemos de este proceso una parte integral del manejo de nuestra vida llegamos a sentir un estado de presencia mental pacífica y tranquila. Ello nos permite ir más allá de nuestro miedo existencial hacia un yo compasivo y enriquecedor capaz de proveer para los demás y para la restauración de nuestra madre tierra y nuestros sistemas sociales.


Derechos de Autora© Aura Camacho-Maas – Primera publicación Abril, 2021. All rights reserved.



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